Los secretos de Vainilla son

Cuentos eróticos, fantasías en letras, crónicas de sexo. Llámalo cómo quieras. Aquí un espacio no sólo mio para que, sin vulgarizar, expresemos eso de lo que no podemos hablar.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Estre"Mecidos"

Confieso que esa fue una de las mejores veces de mi piel . No le tenía mucha confianza a aquel espacio y resultó ser un elemento que contribuyó a la excitación total.

Era una de esas tardes en las que uno cree se dedicará a  ver películas banas y a comer crispetas junto al otro. Pero un a decisión, aparentemente inocente, alteró todo el plan vespertino. Vi  aquella hamaca colgando cerca del patio trasero y no resistí la tentación de pasar allí mi siesta. Él permaneció unos instantes frente al televisor viendo cualquier cosa; pero minutos más tarde reclamó la otra mitad de mi lecho colgante. No opuse resistencia a sentir su calor y dejé que me abrazara pegado, muy pegado a mí. Y fue esa cercanía la que produjo besos húmedos, cada vez más profundos, largos y pasionales, pronto Él ya no estaba a mi lado, sino sobre mí.

La hamaca respondía a las leyes básicas de la física y se movía de lado a lado generando aún más morbo entre los dos. Ya sus manos estaban en mis sur y su boca buscaba mis senos para palpar el grado de mi disposición. Eran ineludibles las ganas que sentíamos de una conexión profunda, y, de pronto, recordamos que el espacio era un tanto público, que los vecinos podrías ver la lujuria de nuestra carne. Lejos de que el asunto disipara el deseo encendió aún más el fuego de unas entrañas húmedas.
Con las prendas separadas de la piel en lo preciso y unos cuantos movimientos casi de contorsión, sus ganas entraron en las mías y comenzó una danza que nos estre"meció".

Fue muy fácil olvidar las ventanas de los demás, la concentración estaba puesta en cada sensación de poca libertad de movimiento y mucho contacto interno, el mejor de todos.
Fueron minutos maravillosos, pero el mejor instante fue aquel en que los gestos de su rostro estaban en sincronía con los espasmos en mis entrañas y el calor líquido que invadía mi hondo ser.
Curiosamente el vaivén de la hamaca pareció aumentar con el fin de la pasión

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