Al fondo una canción de rock de
principios de los noventa, no podré escapar… invento con su melodía un ritmo
para mi pelvis y una fantasía para este ya que me complace; pero me incita a
quererlo con vos y no con él.
Mis caderas se mueven lentas para
que la gravedad haga su efecto y baje de a poco mi pantalón ya desabotonado, el
espejo de cuerpo entero puesto en el cuarto refleja mi figura danzando para él,
soñando que eres tu. Me quito el sostén negro que llevaba hoy, pero me dejo la
camisilla para entretener el incipiente streaptease que me invento.
De espaldas a su rostro juego a
ser una bailarina profesional que se contonea semidesnuda en tu cama que no sé
cómo es, pero me la imagino. Él se pone en pie detrás de mí y termina de quitar
de mi cuerpo las prendas que ya le estorban, sus manos desenfrenan un recorrido
sin tapujo por toda mi piel. Me dejo llevar y con los ojos cerrados y me atrevo
a especular que tus dedos son de otro tamaño y me abarcarían en una
temporalidad notoriamente diferente.
Sus palmas se abren en mis senos
como sintiendo con el mero roce y yo quiero que tus manos aprieten con fuerza
mis tetas y que tus labios humedezcan sin vergüenzas mis pezones firmes por ti.
Voy lejos en mi sueño erótico, tan húmedo que me preparó para otro.
Con suavidad me tumba en la cama,
aprieto mis labios para que cuando entré no se me vaya a salir tu nombre por “equivocación”.
Un movimiento pausado contrasta con las respiraciones aceleradas, me pregunto
si él secretamente pensará en una ilegal cuando me tiene, así como yo quisiera
meterte en las sábanas de mi
clandestinidad.
No finjo mi placer, simulo el por quién. Evito sus ojos y
concentro los míos en la nada del sexo, lo toco con gusto y me acelero aún más
suponiendo que tu buscarías mis entrañas con fuerza, tal como me gusta. Mis
piernas intentan cerrarse para sentirlo-te aún más, me cuesta no trazar con mis
labios las letras de tu nombre y apellidos.
Le ruego que no vaya tan
despacio, que el sexo lento siempre me ha parecido aburrido, él me mira con
picardía y acelera notoriamente su compás. No puedo más, necesito gritar tu
nombre al silencio y lo quito bruscamente de mí, le pido que me dejé pasar a mi
postura favorita “en cuatro como las…p”.
Mi cabello en sus dedos, mis
jadeos seguidos de cómo tu mamá te bautizó que sólo yo puedo escuchar, su voz
ahogada y tu nombre ahogado en mi ritual. Mis caderas ya no son lentas, se sacuden
al aire para contribuir a la agitación, de nuevo sus manos en mis senos y un
final cálido recorriendo mi espalda, queriendo más que nunca averiguar cómo te
sentirás y cómo me sentiré después de vos. Él me besa y yo lo abrazo, me siento
cínica; pero muy complacida.